Denise Corales: Aguaturbia

Para hablar del blues femenino en Chile necesitamos empezar con Denise de Aguaturbia: la voz más cruda, el espíritu más indomable y una de las trayectorias más ardientes de la música chilena.
Presentada como la primera frontwoman del rock nacional, Denise – de raíces brasileñas e italianas— no solo es un símbolo de liberación: se define a sí misma como “cantante de blues”. No de género, sino de vida. Para ella, el blues no es una escala musical, sino una ética: “pasión, drama… esa cosa rica, esa cosa caliente.”
Desde joven rechazó los caminos dóciles que le ofrecía la música lírica o la Nueva Ola. Quería intensidad y hacer algo diferente. Su verdadera revelación llegó con la música afroamericana. Cuando escuchó a James Brown, exclamó: “esto es lo mío.” De él admiraba la energía, la intencionalidad, la locura y que era un artista que sabía entretener Otra de sus grandes influencias fue Janis Joplin de quien admira su voz y su pasión descarnada en el escenario.
Con Carlos Corales, guitarrista y compañero de vida, fundó Aguaturbia en 1969. Fue una revolución estética y política: una mujer al frente de una banda de rock psicodélico en plena sociedad conservadora. En apenas tres días grabaron su primer disco, Aguaturbia (1970), cuya portada —los cuatro músicos completamente desnudos— escandalizó al país. El segundo, Aguaturbia Volumen 2, fue aún más provocador: Denise aparece crucificada, semidesnuda, en lo que ella describió como “metáfora de sacrificio artístico”. La Iglesia Católica los acusó de blasfemia, la prensa los llamó inmorales. El país tembló… y ellos vendieron miles de copias.
Ese mismo año, agotados de la censura y buscando nuevas rutas, partieron a Estados Unidos, instalándose en Nueva York entre 1970 y 1973. Allí tocaron en clubes, exploraron nuevas fusiones entre el blues, el rock ácido y los ritmos latinos. Esa experiencia, dicen, los marcó para siempre: les dio “callo”, oficio y una visión del arte sin fronteras.
Volvieron a Chile justo cuando el país comenzaba a fracturarse. La dictadura imponía el silencio, y el rock se volvió sospechoso. Aun así, Denise siguió cantando, resistiendo desde la piel y la voz. En los 70 fue criticada en el Festival de Viña por no usar sostén;siguió activa con hasta los 80s proyectos como Panal y La Mezcla; y en los 90, su figura fue rescatada por coleccionistas ingleses que reeditaron sus discos como piezas de culto.
Su historia es también la de un cuerpo político. Denise fue y sigue siendo una artista feminista antes de que la palabra se volviera consigna. Su mensaje a las mujeres se mantiene feroz: “griten, desnúdense, crucifíquenlas si quieren, pero sean libres.”
En 2017, junto a Corales, lanzó Fe, amor y libertad, un álbum que cerraba el círculo y reafirmaba que la intensidad no tiene edad. En escena, sigue erguida, maquillada, de tacos y con fuego en la mirada. Critica a las mujeres de su generación que se han vuelto “señoras tranquilas, pausadas, fomes”. Y al mirar al público joven que la sigue —personas entre 25 y 40 años— repite con picardía: “se puede, no hay edad que te mate.”
El pasado Día del Blues, celebrado en Santiago, fue una muestra de esa vigencia. Denise compartió escenario con una generación entera de blueseras chilenas: mujeres de distintas trayectorias y estilos que la reconocen como inspiración y punto de partida. Cuando, al final del show, tomó el micrófono y dijo “éstas son todas hijas mías”, no hablaba solo de música. Hablaba de herencia, de sororidad y de resistencia cultural.
Denise Corales ha convertido su vida —hecha de rebeldía, drama y deseo— en materia prima del blues. Su historia cruza fronteras, censuras y décadas. Hoy, su voz sigue recordándonos que el blues no se canta desde la técnica, sino desde las cicatrices de la vida.
Instagram: https://www.instagram.com/deniseaguaturbia/
Entrevista a Denise Corales en The Clinic
Texto: hchradio.cl y wikipedia
Imagen: www.instagram.com


